Cami - Ralentización

 El fuego de las pequeñas velas se estaba desvaneciendo mientras que un par de cenizas caían sobre la torta y se mezclaban con la crema, pero esa banalidad ya no era algo que me preocupaba. Sentía que todo lo estaba viendo por el rabillo del ojo mientras estaba a miles y cientos de kilómetros alejada. 

  Sabía que era imposible pero casi podía imaginar que salía humo de las velas, expandiéndose por sobre nuestras cabezas y estancándose en la habitación. Veía como los brillitos violetas se despegaban y flotaban, danzando en el aire hipnotizantemente. Como si hubiera magia en el aire, como si todos los objetos hubieran enloquecido y quisieran llamar mi atención con desesperación, como si hubieran alzado un muro de humo solo para evitar que cruzara mi mirada con la tuya. Pero habían fallado estrepitosamente, haciendo la tarea de verte mucho más difícil de evitar.

   Adelante de todo, del ruido ensordecer de todas aquellas personas, de los aplausos emocionados de los muchos y desganados de los pocos, de las manos y codos que chocaban por los apretujados que se encontraban en esa habitación, del aire viciado y cargado del olor invasivo del alcohol, de la espuma, del confeti, de las cenizas, del humo y los brillos que querían cegarme, de mi voluntad que quería que te obviara, delante de todo eso ahí estabas.

 Te vi escondida detrás de la multitud, con tu vestido negro abullonado que arrastrabas por el piso, retorciéndote las manos. Parecía que te había captado en un suspiro de cansancio por lo que deduje que no estabas ni murmurando mi canción de cumpleaños. Parecía que la aflicción y el enojo se mezclaban en tus ojos mientras que tus lágrimas se afilaban en punta listas para lanzarse como mil cuchillos. Pensé que si seguía sosteniendo tu mirada todo el peso del mundo se derrumbaría sobre mis hombros, pero que sería aún más peor la culpa y el arrepentimiento que tendría si apartaba la vista.  Un sabor agrio se deslizo por mi garganta como si casi pudiera beber esas palabras tan amargas que me dirías cuando la multitud se fuera. 

Pero quizás, solo quizás, encontré cierta esperanza en tu mirada. Seguridad de que arreglaríamos todo y que no volvería a fallarte. Un brillo en la esquina superior que decía que no te importaría volver a intentarlo, y quise con todas mis fuerzas que yo te trasmitiera lo mismo. Que vieras como si las pequeñas estrellas de tu vestido estuvieran flotando en el aire formando una galaxia, que las cenizas de cigarrillo se hubieran convertido en una nube que se tragaba todo lo que se nos interponía. Y que creyeras que era un encantamiento, y yo la bruja que lo había producido.  Y que por más que también sintieras la necesidad de correr la cara preferías sostener mi mirada que apartarla.   Entonces el aire por fin apagó las velas, y todo se oscureció por un segundo. Cuando volvió la luz, ya no estabas.


  


Comentarios

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  2. Hola Cami!
    Está hermoso tu texto, me encantó. Cumpliste al 100% la consigna de narrar todo el relato a partir de la descripción un momento muy especifico, además logras contarnos lo suficiente para que podamos entender la relación entre los personajes y que el momento se vuelva significativo y real. Realmente conseguiste generar un efecto parecido al de la cámara lenta del cine logrando que el relato quede muy poético. Es muy interesante y placentero de leer.
    Me encanta que no sólo transmitiste la situación sino también el estado interno de la protagonista, sus dudas y sus deseos, a partir de la descripción detallada de sus sentidos.
    Gracias por tu cuento, espero poder seguir leyéndote,
    Vane.

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