Fernanda - Dialogo

 Llame a Maca por cuarta vez y nada. Se suponía que nos íbamos a juntar en esta plaza hace media hora. Suelo ser yo la que llega tarde a todos lados. Cuando aparezca le voy a decir, que por estos momentos es que llego tarde, porque odio esperar. 

Jamás voy a terminar de entender que es lo que le gusta tanto de estas ferias. No es que yo las odie, admito que tienen un encanto particular pero Maca, ama venir. Damos vueltas por horas, ella estudia detalladamente cada puestito, entabla conversación con cada artesano ¿y ellos?, ellos generalmente aman hablar con Maca porque les demuestra verdadero interés. Ella de verdad quiere saber cómo aprendieron su oficio, si es una habilidad que les fue “heredada”, o si son los pioneros de sus familias al dedicarse a este tipo de arte y es por esta razón que solemos pasar horas en las ferias sin comprar absolutamente nada.

– Por fin nena. ¿Dónde andabas?. Pensé que me habías dejado plantada. – 

– Sorry, el muy inteligente de mi hermano me iba a traer pero no se acordaba donde había dejado las llaves del auto así que tuvimos que dar vuelta toda mi casa hasta que las encontramos en uno de los bolsillos de su mochila, la que usa todos los días. –

 – Que raro Juan Cruz, ese no pierde la cabeza porque la tiene pegada al cuello – Le dije en chiste. 

Conozco a Maca desde jardín. Es la menor de tres hermanos y única mujer igual que yo por lo que encontrarnos en el jardín fue como una bendición para ambas. Nos sentaron en la misma mesita de trabajo, peleamos por unas plastilinas y después que la señorita hizo que nos reconciliáramos nunca nos volvimos a separar.

 – ¿Ya viste algo que te guste? – me preguntó. 

– No, si te dije que te esperaba acá en la puerta – 

– Vamos entonces, hay mucho que recorrer – y tomándome del brazo me condujo hacia el centro de la feria.

Estuvimos casi toda la tarde ahí metidas entonces decidí que ya era hora de irnos.    

 – Dimos tantas vueltas y no terminamos comprando nada. Y mirá ya se está por hacer de noche. Perdimos toda la tarde – Le dije un poco molesta.

– ¿Estás loca? Como vas a decir que perdimos toda la tarde. ¿No escuchaste todas esas historias que nos contaron?. Es verdad que no compramos nada pero ellos nos regalaron mucho.

Yo seguía pensando que habíamos perdido la tarde dando vueltas pero no le dije nada. No valía la pena seguir con ese tema, en cambio le pregunte acerca del chico del puestito de astrología. Habían tenido “un momento”. 

– Chicas, ¿quieren que les diga las predicciones de su signo para esta semana? – Nos dijo cuando pasamos cerca de su puesto.

Estaba a punto de contestarle que no estábamos interesadas, pero algo que estaba en la mesita que hacía las veces de mostrador había llamado la atención de Maca y ella ya estaba observándolo con mucha atención.

– Es turmalina negra. La piedra de Capricornio. Los que son de ese signo la usan para protección – Dijo el vendedor.

Mi amiga no levantó la mirada, creo que ni siquiera lo escuchó. Seguía mirando la piedra como si estuviera embobada. 

 – ¡Maca! El chico te está hablando – le dije mientras la codeaba para llamar su atención.

– Perdón, es que… – respondió ella.

Cuando sus miradas se encontraron ninguno de los dos emitió sonido, creo que podrían haberse quedado así horas, pero yo estaba apurada así que digamos que un poco les arruiné el momento. 

–  Vamos Maca, que en un rato tengo que encontrarme con mi mamá. – Los interrumpí.

– Ah, si. Cierto. Vamos – 

 – Mi nombre es Leandro, estoy acá todas las tardes que dure la feria. Por si quieren volver –  dijo y le dio a Maca una tarjeta con los datos de su localcito.

– Si, seguro volvemos a darnos una vuelta otro día más tranquilas, ahora estamos apuradas. Ah, yo soy Macarena y ella es mi amiga Arid – dijo señalándome.

–  ¡Maca, vamos! – la arrastre fuera de la feria.

El día siguiente a nuestra visita teníamos clases en el campus que quedaba cerca de la plaza donde estaba la feria. Yo creí que iba a pedirme que la acompañe a dar ooootra vuelta pero para mi sorpresa hablamos poco y nada de lo sucedido en la feria el día anterior.

El miércoles siguiente a la visita a la feria, cuando salimos de una clase vi a un chico parado en la esquina de la facultad. 

– ¿Viste al chico que estaba parado en la otra esquina? – pregunté a Maca mientas nos subíamos al colectivo para ir a mi casa.

 – No, ¿qué chico? – respondió simulando desinterés. 

 – Uno que estaba parado en la esquina, con pantalón negro y campera de jean –

 – Ah no, ni lo vi. Sabes que soy re ciega y sin anteojos no veo más allá de mi propia nariz – bromeó

– Pensé que era... no importa. Seguro me confundí. – respondí.

El viernes al salir de clase, el mismo chico que había visto días antes estaba parado en la vereda del frente de la facultad. Cuando nos vio se acercó y le dio a Maca una bolsa de cartón con varias cosas adentro.

– Espero que te gusten las cosas dulces – dijo y fue.

Ahí fue que me cayó la ficha, el chico que había visto varios días atrás era Leandro, el chico de la feria. 

– ¿Cómo supo que veníamos a esta facultad?¿ vos te comunicaste con el? – le pregunté.

– No, no volví a hablar con él desde esa vez en la feria, ni idea como supo, debe haber visto el nombre en los libros que teníamos el día que estuvimos ahí. – 

 – Ay pero que raro que se haya fijado en eso – dije entre sorprendida y asustada.

– No sé que te asusta o sorprende tanto si vos sos igual de observadora, debe ser Capricornio como vos – me retruco riendo.

– No mi ciela, ese flaco debe ser Capricornio con ascendente en psicópata, nada que ver conmigo – Le respondí riendo mientras subíamos al colectivo para ir nuevamente a casa a estudiar. 

       


  


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