Reescritura - Carlos
Nadando con Delfines
No sabía cuánto tiempo estuvimos caminando, ya no quedaba ningún celular con batería, mi garganta empezaba a sentir la falta de agua, pero debíamos racionar los recursos ya que no habíamos encontramos un establecimiento sin saquear hace kilómetros. Teniamos agua y comida sólo para un día, así que nuestra prioridad era encontar más, y por su puesto salir de aquí.
— Si tienes sed, toma un poco de agua querida— Me dijo la amable señora que encontramos ayer en la gasolinera, mientras me ofrecía la última botella que quedaba.
— Estoy bien, muchas gracias— le respondí con una sonrisa—, seguro alguien más la necesitará más tarde.
Todo pasó tan repentinamente. Cuando la entrenadora nos despertó esta mañana casi ninguna había dormido bien, la presión de representar a nuestro país en una competencia mundial nos mantuvo a todas despiertas, pero aun así teníamos las energías y la preparación para regresar a casa con la medalla. Nos pusimos el uniforme y subimos al bus en dirección al estadio para la inauguración, era nuestro gran día. Había entado entrenando durante semanas para mejorar mi marca y llegar a los 6 metros, y gracias a eso la entrenadora prometió llevarnos al acuario a nadar con los delfines, ella sabía que era mi gran sueño, y estar aquí era el momento ideal para cumplirlo.
La inauguración fue desde luego impresionante, hubo bailes representativos y actos con fuego. Era el día más feliz de mi vida, siempre me encantó conocer las diferentes culturas del mundo y que mejor si puedo hacerlo gracias al deporte que amo. Todas hicieron un gran trabajo, no cabe duda que dejamos el nombre de nuestro país en boca de muchos, llegó mi turo y no planeaba quedarme atrás.
Jamás había estado frente a tanta gente, los aplausos y ovaciones se mezclaban en un mismo sonido constante que llenaba todo el estadio, pero no era momento para sentir nervios, estaba decidida a dar el mejor salto de mi vida, en ese momento no pensaba en nada más. Cuando todo estaba preparado, empecé a correr por la pista, el inicio fue perfecto, faltaban menos de 10 metros hasta la tabla de batida cuando empecé a sentir que mis piernas perdían estabilidad. La caída fue dura, pero al estar en suelo me di cuenta que no se trataban de mis piernas, el primer terremoto había empezado.
Todas las personas gritaban y corrían hacia las salidas, el ruido era ensordecedor. Fue muy difícil poder levantarme del suelo, pero cuando lo conseguí ubiqué la salida más cercana y corrí hacia ella lo mejor que pude, todo seguía temblando y pude sentir como las estructuras del estadio se iban desplomando una a una. La salida estaba abarrotada de gente, se empujaban, golpeaban y pisaban, era muy riesgoso salir por ahí, así que decidí correr hacia el centro del campo, ese lugar sería el más seguro al menos hasta que deje de temblar.
El movimiento se detuvo, esperé en la mitad del campo hasta ver una salida libre y me dirigí hacia ella. Afuera todo estaba peor, edificios destruidos, accidentes de autos y árboles en el suelo; el polvo en el aire me dificultaba ver, debía encontrar a la entrenadora o a alguien del equipo, confiaba en que todas habían logrado salir a salvo y fueron hacia el hotel. Intenté pedir ayuda, pero nadie estaba dispuesto a detenerse para darme indicaciones de cómo llegar al hotel. Después de caminar durante algunas horas pude llegar gracias a un mapa turístico que encontré cerca del estadio, fue muy difícil seguirlo ya que muchos de los lugares que mencionaba ahora se encontraban en ruinas, y nuestro hotel no fue la excepción.
Mi corazón se llenó de alegría y alivio al ver un rostro conocido, se trataba de la segunda titular en salto alto, estaba de pie frente a los escombros del hotel. Tenía Ia mirada perdida, pero fija hacia el horizonte, al acercarme a ella no notó mi presencia, era claro que estaba en shock, no respondía a ninguna de mis palabras. En ese momento el segundo terremoto empezó. Me vi obligada a tomarla del brazo y llevarla a un lugar seguro, logré encontrar refugio para nosotras dentro de una cabina telefónica y al terminar mi compañera dio las primeras señales de notaba que estaba ahí, me vio directamente y empezó a llorar desconsoladamente. Luego de calmarla, al fin pudimos hablar.
—Tuve mucho miedo y sólo corrí— me dijo con cierto tono de vergüenza—. No me di la vuelta para ver si la entrenadora o las demás chicas venían detrás de mi.
Cuando vimos que era seguro salir, el paisaje era irreconocible. Múltiples autos y camionetas completamente cargadas pasaban a toda velocidad, nadie paró a pesar de nuestras señales, pero todos se dirigían a la misma dirección, hacia el sur, nuestra única opción era caminar hasta allá, las calles se veían más empinadas de lo que recordaba. Caminamos durante horas, recolectando la pocas botellas de agua y comida que pudimos hasta que se hizo de noche.
Fue entonces cuando encontramos a esta amable señora en la gasolinera, ella tenía la misma idea que nosotras, ir hacia el sur y encontrar una manera para salir de la isla antes de que las cosas empeoren, por lo que decidimos hacernos compañía entre nosotras. Al día siguiente continuamos nuestro camino.
cada persona que encontrabamos estaba más asustada que la anterior, al parecer todos necesitaban irse a otro lugar con desesperación, unos hablaban de actividad volcánica y otras sobre el fin del mundo. Ya estaba empezando a atardecer cuando pude ver el mar a lo lejos, según el mapa aún faltaba mucho para poder verlo, no podía creer lo mucho que había cambiado la geografía del lugar. Al acercarme noté que barcos y yates estaban rescatando personas del agua, muchos habían decidido nadar hasta ellos al no encontrar ningún puerto, esa era nuestra única oportunidad, pero aunque yo era buena nadadora y con suerte alguno de ellos podría sacarme de ahí, no podía estar segura de mi compañera y de la amable señora.
El tercer terremoto empezó, el mar se contrajo y una ola gigante empezó a formarse, corrimos en sentido contrario, pero fue muy tarde, en pocos segundos ya estaba bajo el agua luchando por salir a la superficie, nadé lo más fuerte que pude, pero las olas eran más fuertes. No recuerdo si alguna vez en mi vida me esforcé tanto, quería vivir, no se podía haber acabado todo ahí. No logré ver a mi compañera ni a a la amable señora por ningún lado, con dificultad logré ver una saliente en la superfie, casi ciega por el agua salada nadé con mi último aliento hasta ese lugar, y al llegar noté que era la terraza de un edificio. Toda la ciudad estaba bajo el agua, no sentía los brazos, tenía agua en los pulmones y en los oídos, pero la marea seguía subiendo, no podía quedarme ahí, entre los edificios visibles escalé por los tejados hasta encontrar el punto más alto, la terraza donde había empezado ya estaba bajo el agua. Intenté hacer señales a los barcos que veía a lo lejos, la luz cada vez era menos y el agotamiento hizo que me rindiera. Tumbada sobre aquel edificio temblando por el frío pensaba en mi familia, mi entrenadora y mis compañeras, aquella amable señora; sólo esperaba que ellas hubieron llegado a ser rescatadas y que en casa se preocuparían mucho al ver esto en las noticias, ¿Quién habría pensado que la isla entera se hundiría?
El sonido de un motor evitó que siga pensando más, me levanté y pude ver un gran yate acercándose directamente hacía mí, no sabía si podía verme desde este punto elevado. Cuando se acercó lo suficiente vi que tenía una cubierta grande en la que dos personas me hacía señales con los brazos, el yate no puede acercarse más, la marea es fuerte y podía chocar. Había casi 20 metros de separación, incluso contando con mi altura se veía imposible, pero si quería vivir, no iba a tener otra oportunidad. Intenté dejar de temblar, retrocedí lo más lejos que pude y corrí con las pocas fuerzas que me quedaban, si hoy iba a dar el mejor salto de mi vida, sería este.
Ahora que recuerdo todo, es imposible no sorprenderme de mi misma, todo el esfuerzo que hice por estar aquí hoy, fue porque quería vivir. A pesar de estar en completa soledad, no derramé una sola lagrima en ningún momento, pero ahora, aquí con el calor de estar mantas, no puedo contener más el llanto.
El agua empieza a aclarar, el hermoso y único color azul ahora es igual que en mi imaginación, ya dejamos atrás todos los escombros y puedo ver algunos peces nadando. Sequé mis lágrimas para apreciar mejor la vista, es mucho mejor de lo que había imaginado, es como si yo estuviera nadando fuera ¡No, es posible!, ¡Es un grupo de delfines nadando justo frente a mí!
Comentarios
Publicar un comentario