Male - Focalización

¡Soy demasiado buena para vos! Eso es lo que pasa. – le dije y me fui corriendo.
Me pegué la vuelta, las lágrimas se me empezaron a escapar y a rodar por mis mejillas. Sentía
una soledad dentro de mí que me permitía darle rienda suelta al mar de impotencia que tenía
en el pecho. Sentía como mis ojos claros se iban cristalizando. ¿Cómo puede ser que Lucas me
haga esto? No lo entiendo realmente, juro que fui todo lo que él quería que sea - pensaba por
dentro. Hasta me compré las últimas zapatillas Jordan y me vi todos los partidos de básquet
habidos y por haber. Es más, fui a verlo jugar handball en los torneos contra los demás colegios
y hasta simulaba que me interesaban esas charlas de sus amigos; todo un arduo trabajo tirado
a la basura. Hice la creación entera de un personaje con arco dramático sobre el “cómo estar
con él me ayudó a ser mejor persona” y hasta me corté el flequillo, ¿para qué? Si al final Lucas
terminó diciéndome que le gustaba Melina. Aparte…¡Melina! Que es una insípida y no tiene
nada en común con él. Ella es la típica chica que en las pijamadas con su grupo de amigas tiene
que pasarle el teléfono a la madre de la dueña de casa porque si no sus papás la retan. Es
inconcebible todo esto que me está pasando.
Mi vestido, que por poco, no se destacaba por encima del de la quinceañera se me aplastó
cuando me senté en el cordón de la vereda afuera de la quinta donde era el cumpleaños.
Necesitaba pensar, aclarar mis ideas. Tenía que ver la escena desde afuera, tomar un poco de
distancia, para encontrar la forma de salir airosa de esta situación en la que medio alumnado
había visto cómo mi chico, mi Lucas, bailaba embelesado con mi supuesta amiga. Empecé a
pensar en las clases de teatro, en la profesora diciéndome que los mejores personajes son los
memorables. Y, de alguna manera, me repetía en voz baja que yo no iba a ser recordada como
la chica engañada en un 15, no había forma. Tenía que cambiar de página, dar vuelta la hoja y
buscar una mejor reacción. Si no hubiera montado una escena probablemente menos gente se
hubiese dado cuenta, lo que pasa es que a veces no me puedo controlar y mi verdadero ser
sale a la luz. Hay que reconocerle el mérito al boludo de Lucas, aunque nunca me supo ver
realmente cómo era, si pudo encontrar mi fibra sensible. Me hirió, me hirió en el orgullo. 
La noche empujó por las calles arboladas de los alrededores a un grupo de chicos que llegaron
a mi encuentro y que les veo recién cuando doblan la esquina.
-Eh colorada, qué haces tan sola ¿necesitas compañía?
Eso me dijeron, y yo, por supuesto, inmutable y aún sentada en el cordón les regalé mi dedo
índice. La verdad es que tenía cosas más importantes sobre las que pensar que un grupo de
pibes que pretendían intimidarme. Claramente no me conocían.
Me paré ya decidida de terminar de imaginar cosas sin una base real, y habiendo masticado la
primera idea más o menos coherente que tuve y me repetí que cuanto más difícil sea más iba a
sumarme a mi experiencia. Necesitaba creerme eso. ¿Jugar con mi vida podrá ser tomado
como trabajo previo en mi portfolio? – eso pensaba.
Así que entré al salón por la puerta de la cocina y me di cuenta de que se me había arrugado el
vestido e intenté sin éxito alisarlo frenéticamente. Me dí cuenta de que mis manos que habían
estado tocando la tela a su vez había tocado el suelo y me fui apurada al baño a lavármelas
una, dos, tres, cuatro veces. Siempre tienen que ser cuatro. Además, me había rasguñado de
forma evidente la parte superior de las manos en el intento infinito de dejarlas
imposiblemente pulcras y mientras me maldecía el por qué de la ansiedad que me había
generado la situación anterior.
- Tenés que aprender a no involucrarte con tus compañeros de elenco – me decía frente al
espejo.

Antes de volver al salón pase de vuelta por la cocina y pispeé el menú, tenía hambre. Inventé
al tuntún un elogio para los cocineros mientras por dentro pensaba que hasta yo podría haber
hecho mejor ese plato principal que está a punto de salir.
Me puse en personaje antes de volver al salón, miré fijamente y sin pestañear las luces
fosforescentes y evoqué el doloroso recuerdo de la última vez que vi a mi papá. Las lágrimas ya
estaban, me froté las manos compulsivamente, repasé mentalmente la historia y acto seguido
abrí la puerta del salón al grito de: ¡Chicos, mi abuela que vive en Indonesia fue comida por
una pitón gigante!

Comentarios

  1. Buenas! Paso a dejarte mi comentario...
    Encantadisima con este cuento (ya de por si amo el original) imaginate con este toque tuyo que dio un giro completo al ver que era un personaje dentro de otro personaje, la focalización es correcta y concreta.
    Cuento logradisimo!
    Sin más que decir, ánimo para seguir escribiendo!

    Best Wishes...

    Atte: Julia/Kenya

    ResponderEliminar
  2. HICIMOS MATCH DE REESCRITURA DE CUENTOS jajajaj
    Me encanto como lo escribiste! me gustó mucho ver a mi personaje hablando por si solo y el toque de frescura y soltura que le diste, tambien es porque vos sos asi <3 jajaj

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares