Sami - Focalización


Ciudad Fauna
Basado en el cuento de Cecilia Oviedo.
Apagó la alarma, y yo seguía ahí. Me había despertado antes que sonora el despertador, pero no quise molestarla, ya esa noche no tuve que hacer tanta fuerza para no llorar, extrañaba tanto a mi mamita. Ese día empecé a resignarme, y poco a poco a adaptarme. Y creo que ella también comenzó a adaptarse a mí. Yo era muy pequeña, apenas tenía dos meses de nacida, y me llevaron a esa casa tan pequeña. Me sentía muy triste.
Ella también era cachorra todavía, los humanos y las humanas necesitan más tiempo que nosotros los elefantes para dejar de ser cachorros. Por eso, a sus 15 años, para probar que ya comenzaba su transformación a una persona adulta tenía que criarme. Todas las personas de esa ciudad tenían que demostrar su adultez criando una especie animal, muy lindo para ellos, pero, aunque me trataban muy bien, a mí nadie me preguntó si quería ser criada por una humana.
Al principio sentía mucho enojo, esa niña se quejaba mucho, la escuché decirle a su amiga Lían que hubiese preferido criar un lobo siberiano, porque eran majestuosos, hermosos y fieles, me dio mucha rabia escucharla. Mi mamá me decía que era hermosa, y acaso ¿ella se miró al espejo? Majestuoso y fiel, que se me acerque una de esas lobas que de un trompazo le borro la majestuosidad y la mando a volar. Me sentía muy frustrada esas primeras semanas.
Con el tiempo nos logramos entender. Al fin me reconoció como una hembra y me dejó de nombrar como el elefante, y comenzó a decirme Trompas, me gustaba ese nombre.
Aprendió a cuidarme, íbamos a ver a mi doctora varias veces a la semana. Allí me revisaban, me pesaban y luego se quedaban conversando junto a otros cachorros de humanos. Allí conocí a Doris de tres años y Rebeca de 6, dos elefantas que las criaban otros humanos, Rebeca ya pronto volvería a su manada, porque su humana ya sería mayor. Me alentaban a que cambiara la manera de ver las cosas, que resistirme no ayudaba, que si aceptaba lograría encontrar paz, y así fue.
Poco a poco comencé a encariñarme con mi humana, era tierna, a veces cuando estaba de mal humor, le sonreía y a ella se le cambiaba la cara, y de vez en cuando hasta me abrazaba la trompa. Comencé a encontrar paz con esa vida.
Luego de ir a ver a mi doctora nos íbamos juntas a recorrer la ciudad, a mí me encantaba ir hasta el rio, en esos meses comenzaba a hacer mucho calor, y me encantaba refrescarme allí, mi humana se quedaba en la orilla y se ponía a ver sus libros.  Cuando empezaba a caer el sol me echaba a su lado y me hablaba de las historias de sus libros.
Un poco antes de cumplir mis ocho meses, un día nos levantamos más temprano de lo habitual y fuimos hasta el parque central, al principio me asusté, había mucha gente que no conocía, música fuerte, y mucho barullo. Esas personas eran muy diferentes a las humanas y humanos que yo conocía. Tenían unos aparatos negros que colgaban de sus cuellos, que se lo ponían frente a su cara y disparaban luz como un relámpago, me dejaban ciega. Mi humana siempre estaba cerquita mía, me sentía cuidada. Ella empezó a relajarse, y yo también. Me preguntó-¿Te gusta el festival? – la verdad era que me daba mucha curiosidad todo eso nuevo.
Fuimos dos días más a ese lugar, cada día lo disfrutaba más. El cuarto día tuve un mal presentimiento. Mi humana estaba dispersa, como pensando en otra cosa. Algo le inquietaba su corazón, lo podía sentir, pasamos todo el día entre esa gente desconocida. En un momento sentí que algo me dibujó en el lomo, no alcanzaba a ver lo que era, no le di mucha importancia.
De repente me hizo un gesto para que comenzáramos a correr, yo pensé que íbamos a jugar otra vez a quien llegaba primero a casa, salí rápido, me gustaba verla esforzándose para alcanzarme. Luego de unos cuantos metros, miré hacia atrás, pero no la vi. Me detuve de inmediato, miré alrededor, detrás de los árboles, la llamaba haciendo ruido con mi trompa, pero nada. Pensé que quizás había tomado el atajo por el bosque, fui por ahí.
Tenía un mal presentimiento.
Llegué a la casa, y su padre me miro con cara de asombro, me preguntaba por ella, como podría explicarle algo a ese hombre, aun si supiera donde estaba no podría expresarme con él. Me acordé del dibujo que ella me había hecho en el lomo, y lo señalé con mi trompa.
Luego de verlo, él se puso a llorar. Yo no entendí lo que sucedía.
Su padre desapareció unos días de la casa, y cuando volvió tenía una inmensa pena, lo podía ver en sus ojos, ese día me llevaron de nuevo con mi manada. Nunca más volví a ver a mi humana.
Aunque sentía tristeza de no saber nada de mi humana, me dio mucha alegría encontrarme otra vez con mi mamá, con mis hermanas y hermanos. También me encontré con Renata que ya había vuelto también a la manda después que su humana cumplió veintiún años. Ella me explicó lo que había sucedido, que mi humana fue a buscar su adultez antes de tiempo fuera de la ciudad, y por eso ya no podría volver hasta que creciera.
Ya pasó mucho más de 5 años desde ese día, aún recuerdo su voz contándome cosas que veía en sus libros. Esta mañana me levanté con una sensación linda en el corazón, no sé qué será, pero me gusta.
Se escucha un alboroto de alegría en la manada, me acerco a ver qué sucede. ¡Es mi humana! Me abraza la trompa y me dice – ¡Hola mi Paz!
Samanta Murphy
Primera persona, tiempo pasado, Narrador Protagonista.

Comentarios

  1. Buenas! Paso a dejarte mi comentario...
    Que hermoso cuento! Casi nadie tendria en cuenta al elefante como protagonista pero vos si y eso me encanta! La ternura y curiosidad que desprende este animalito suma potencialmente en el texto, la focalización esta excelente!
    Cuento logradisimo, sin más que decir, ánimo para seguir escribiendo!

    Best Wishes...

    Atte:Julia/Kenya

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    Respuestas
    1. Gracias Julia por tu devolución, me encanta tus palabras, best Wishes
      Sami

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