Trini - Focalización

Trini. Cambio de foco al cuento maravilloso de Sol.
Lo veo moverse un poco, pronto notará mi presencia y deseará volver a dormir profundamente,
como si eso hiciera que yo desaparezca. A mí también me pesa la cabeza, no estoy con la fuerza
suficiente para levantar mi trompa y tengo una sensación ácida, burbujeante en el estómago,
como si estuviera en un zamba después de comer 20 hamburguesas, girando y girando y girando.
Estoy condenado a vivir con sus errores, y lo peor de todo es que muchas veces Valentín se
imagina mil formas de hacerme callar, como si yo realmente quisiera estar acá.
Por algo las cosas son como son.
Anoche no llegué a la fiesta hasta que en su cabeza resonaron las palabras ‘quisiera besarte y no
puedo’. Otra vez. ¿Es posible que alguien se condene incansablemente a ver como las
oportunidades le pasan por delante? Y con ese pensamiento, que comenzó como una pequeña
nuez y se convirtió en un monstruo avasallador, ingresaron a su cuerpo 1 shot, luego otro más, le
siguieron 3, 4, 5 y en ese momento ya no creí útil seguir contando.
Mientras lo veía pasar una y otra y otra vez por la barra, en busca de ese líquido venenoso, con los
ojos caídos y las lágrimas brotando disimuladamente de ellos, con un andar sin rumbo y esos rizos
bañados en un gel asqueroso para impresionar a alguien que ni lo percibe, mi corazón pareció
romperse y mi pecho se cerró, sintiendo una lástima inmensa, como nunca antes la había sentido
por Valentín. Pero él y sólo él, se había encaminado a ese círculo vicioso donde veía pasar las
oportunidades pero las perdía, como si fueran un colectivo que seguía de largo y le era imposible
alcanzar, sin importar cuánto corriera. Hace años Valentín parece estar en la parada de la ‘buena
vida’, esperando tener la confianza de subir a ese transporte, poniéndose delante de los demás
por primera vez y aprovechando lo que la vida tiene para darle.
En su nube de alcohol y diversión mal imitada, se sentó en un sillón mugriento de quién sabe qué,
agachó su cabeza y entrelazó sus dedos detrás de ella. Ahí supe que me había notado. Al instante,
se paró sobre sus pies adormecidos y emprendió su viaje a casa, esta vez sí se subió al colectivo.
Pero no exactamente al que yo pretendía.
Me pregunté por qué se torturaba con canciones tristes al volver, ni siquiera él lo sabía, creo que
sólo fue un impulso. Al llegar a su casa, luego de incontables intentos inútiles de poner la llave que
correspondía, en la puerta correcta, se tumbó en la cama.
Después de unas 10 largas horas, se digna a desperezarse. Y sé que volverá a culparme por estar
acá pero es inevitable, aunque le duela y me odie profundamente, mi trabajo es acompañarlo en
sus peores experiencias. ¿Por qué? No estoy seguro. Lo que sí sé con certeza es que mientras más
pretendo ser de ayuda, más lo alejo.
Y él no lo sabe aún, pero llegará un momento en el que yo voy a desaparecer. Antes me
entristecía pensar que tengo que dejarlo solo para que él mismo descubra sus tantos puntos a
mejorar, pero ahora, me siento bastante aliviado, sé que él es capaz. Solo falta que se entere.

A pesar de todo, sé también que me quiere. Hay veces en las que realmente disfrutamos de la
compañía del otro, él lee y yo sigo la lectura en su mente, él piensa y yo guío sus ideas. A veces
sólo nos contemplamos, yo sé qué pasa dentro suyo y él intenta, sin descanso, leer mi mente,
como si con toda la concentración del mundo pudiera convertirse en mí, como si ser este ente que
lo único que hace es vivir para otros, fuera algo bueno.
Cuando sabe que sus pecados son más grandes que la casa me trata con delicadeza, con cariño.
Acaricia mi trompa y me mira con ojos de cachorrito, intentando, casi con éxito, convencerme de
que lo perdone y le deje pasar aquel error.
Pero una fuerza mayor no me lo permite, no importa cuánto desee ser más compasivo, algo en mí
no me deja. Alguna vez en el pasado pude, pero sufrí graves consecuencias y no estoy dispuesto a
revivirlas. Necesito dar fin a esta misión y ser libre, buscar a alguien más que precise ser
atormentado con sus fallas. Porque hacer eso es el único motivo de mi existencia.
Valentín al fin se está levantando y sé que ahora mi tarea comienza. Miro a sus ojos y repito,
repito, y vuelvo a repetir, todo en lo que ha errado hasta ahora. Él no lo nota pero se asoman las
lágrimas en mis ojos. Verlo sufrir de esta manera, duele. Sé que él cree que no es así, que lo
disfruto.
Pero, en realidad, es lo único que puedo hacer, no tengo opción.

Comentarios

  1. ¡Buenas, Trini!
    Me gustó mucho este cuento. Venís mejorando muchísimo. Es muy interesante cómo construís la problemática filosófica de este personaje, el elefante, y cómo nos mostrás, poniéndolo de narrador, que a él le importa poco lo que haga o deje de hacer el personaje atormentado de sol. Además, construís muy bien su relación simbiótica, tanto en descripciones físicas como en el entendimiento que tienen el uno del otro. Destaco la parte "como si con toda la concentración del mundo pudiera convertirse en mí", esa comparación le da un elemento poético muy interesante y que dice mucho en pocas palabras.
    En cuanto a focalización, creo que lograste muy bien plasmar la consigna. Habría que ver qué pasa si le damos a leer este cuento a alguien que no haya leído el cuento de Sol. Para ver si entiende o no lo mismo que nosotres.
    Un gusto leerte,
    Jan.

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  2. Buenas! Paso a dejarte mi comentario...

    En este cuento se nota el cambio que le diste, focalizaste de forma curiosa al personaje y sus pensamientos además hiciste que fuese mucho más complejo (algo que me encanta) con diferentes interpretaciones si no tuvieramos el cuento original.
    Cuento logradisimo!
    Sin más que decir, ánimo para seguir escribiendo!

    Best Wishes...

    Atte:Julia/Kenya

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  3. Solo vengo a decir que me encantoo el cuento y amé el punto de vista que le diste<33

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