Fernanda - Dosificación
Cuando escuché la sentencia no lo podía creer, había perdido
el caso más importante de mi carrera. Se suponía que era un caso fácil. Alguien
había entrado a robar en el negocio de la sobrina de mi cliente. Había
muchísimos sospechosos, todos tenían motivo para realizar el robo; había un
coleccionista de artículos de valor que estaba buscando ampliar su colección;
un sujeto conocido por vender artículos de gran valor en el mercado negro;
varias personas con evidentes problemas financieros y mi cliente, quien no
tenía relación alguna con criminales y sus finanzas se encontraban en orden,
ellos habían sido los últimos en estar cerca del mostrador donde estaba exhibida
la joya. Sinceramente, mi cliente no tenía necesidad de robar, sólo había
tenido la mala suerte de encontrarse en el momento y lugar equivocados. El
colgante robado había llegado a la ciudad en calidad de préstamo para formar
parte de una exhibición de joyas muy exclusiva, los diseños de las joyas eran
tan extravagantes y complejos que nadie los habría podido copiar. Un collar así
no se ve todos los días, la seguridad del recinto donde se realizó la
exhibición había sido duplicada para el evento, dos guardias estarían
permanentemente custodiando cada puerta que daba a la sala donde se exponían
estos invaluables artículos. Poco sirvió, ya que en unos segundos de descuido,
quizá durante el cambio de turno de los guardias, la joya de mayor valor
desapareció como por arte de magia. Luego de dar el aviso a la policía, los
agentes barrieron el lugar sin conseguir ni una sola pista de quien se habría
llevado el colgante. Pasaron semanas hasta que la policía terminó de procesar
todas las imágenes captadas por las cámaras de seguridad y las fotos y videos
que habían obtenido de los teléfonos celulares que confiscaron a todas las
personas que asistieron al evento, de ese análisis surgió esta variada lista de
sospechosos.
En cuanto mi cliente se comunico conmigo hice todo lo que
pude para ponerme rápidamente al tanto de los acontecimientos, mi cliente había
estado en presencia de la joya en el momento en que llegó al negocio de su
sobrina y luego en la sala de la exhibición como los demás asistentes del
evento, lo que lo hacía sospechoso era el hecho de que había visto a los
custodios de la joya armar el dispositivo de seguridad, y por su profesión de
ingeniero eléctrico, habría podido hacer el camino inverso sin mucha
dificultad, y también estaba el hecho de que nadie podía confirmar su coartada
para el momento en que se llevó a cabo el robo.
El caso había estado en la primera plana de los periódicos y
portales de noticias de la ciudad por varios días, solo había perdido
notoriedad por el terrible accidente del dirigible, al parecer alguien había
manipulado el cableado del mismo y se estrelló a minutos de haber despegado.
Desafortunadamente, el caso del colgante robado recuperó el interés de las
editoriales debido a la llegada de la dueña del artículo robado, una mujer
proveniente de Suecia, que había prestado el collar para la exhibición como
apoyo al colectivo a favor de la inspiración para diseñadores locales del que
formaba parte.
La investigación no estaba avanzando tan rápido como le
hubiese gustado a ella, o a mi o a cualquier otra persona que no fuese un
robot, por lo que la llegada de esta dama extranjera añadió un poco de presión
a los engranes del sistema para que este funcionara como se esperaba.
Fueron horas y horas sin dormir, repasando los hechos con mi
cliente, revisando las declaraciones de los otros sospechosos y consiguiendo
ordenes de jueces para reunir las pruebas necesarias para demostrar su
inocencia. En una de las entrevistas con mi cliente había descubierto que su
sobrina, la dueña del local, había firmado un documento que explicaba que en
caso de pérdida de la joya, la organización del evento debía abonar a la dueña
del collar una suma millonaria que claramente la dejaría en la ruina, también
había una clausula en la que se aclaraba que en caso de robo de la misma, quien
abonaría la suma millonaria seria la aseguradora. Luego de leer las clausulas
de ese documento entendí porqué la aseguradora insistía en que anularan el
juicio; de ese modo cambiaria la causa de robo a perdida del objeto y ellos no
tendrían que abonar esa suma de dinero.
Mi cliente insistía en su inocencia y le urgía que se
hallaran a los culpables del robo, por lo que yo hacía las veces de abogada y
de investigadora.
Este trabajo no era lo que había imaginado cuando termine la
escuela de leyes, andar de saco y pantalón de vestir no me incomodaba si lo
hacía en una corte o en un juzgado, pero no era la vestimenta adecuada para el
rol que estaba asumiendo en esta investigación.
El caso había tomado tal notoriedad pública que sin previo
aviso se había convertido en el caso más importante de mi carrera. Era
imperativo para mi dar con los verdaderos responsables del robo. Mi
investigación había avanzado y se veía bastante prometedora cuando mi cliente
le pidió la palabra a la juez y para mi sorpresa y la de todos los presentes,
se declaró culpable del delito.
– El acusado se declara culpable de robo y es
sentenciado a quince años de prisión –
Dijo la juez.
Cuando escuche la sentencia no lo podía creer, había perdido
el caso más importante de mi carrera.
Háblame de amor... Que bien que lograste justificar el motivo de la pérdida del juicio! Me encantó!
ResponderEliminarHola Fer!
ResponderEliminarMe encantó tu cuento! Ir siguiendo las pistas del caso que presentas, buscando entender el por qué de la sentencia que nos adelantas desde un principio, fue muy divertido! Se nota, además, el proceso de re-escritura, dado que en está versión final fuiste agregando más datos que eran necesarios para entender el caso completo, lo enriqueciste un montón!
Me gusta que al final del relato, aún contando con muchísima más información que en un principio sobre el caso, igualmente quedamos anonadados por la sentencia, y quedamos incrédulos como el narrador.
Espero seguir leyéndote,
Vane <3