Carlos - Ciencia Ficción

DE REGRESO A CASA


Apagué la alarma y el elefante seguía al lado de mi cama, había olvidado cuánto me gustaba ese muñeco. De color rosa, con ojos de botón y tejido a mano; uno de los muchos regalos que me dejó mi abuela antes de partir, pero sin duda este era especial. De niña no dormía si no lo tenía al lado de mi cama, siempre me hizo sentir acompañada.

Aún adormecida y con una leve migraña giré sobre mi espalda mientras observaba el techo decorado con estrellas fosforescentes de mi antigua habitación. Todo estaba tal y como lo recordaba, el armario repleto de muñecos y juguetes, el muro pintado de rayas, rosas y blancas, la gran ventana con vista al jardín, ahora cerrada con cortinas estampadas con pequeños elefantes de caricatura ¿Por qué me gustaban tanto los elefantes a esta edad?

Múltiples sentimientos de nostalgia me invadieron, despertaron recuerdos guardados en mi mente que llevaba años sin visitar, pero no podía perder tiempo aquí echada recordándolos todos. Giré hacía el reloj despertador, debía comprobar que todo haya salido según lo planeado, los números en la pantalla digital me confirmaron que así era. «7.31 a.m. Domingo 07 de junio de 1998» A esta hora mi madre debería estar subiendo al avión. Ella tenía la habilidad de madrugar y salir de casa sin que nadie la escuche, sobre todo los días que salía de viaje por negocios como hoy. Me hubiera gustado verla, aunque lo más seguro es que me hubiera tratado apresurada y distante como siempre.

Varios sonidos en la planta baja provenientes de la cocina me confirmaron que papá ya estaba haciendo el desayuno, o al menos lo estaba intentando, siempre fue un excelente escritor, pero un pésimo cocinero. Es el momento para levantarme, faltan menos de treinta minutos. Mientras me vestía no pude evitar verme en el gran espejo de cuerpo completo junto al armario, se sentía tan irreal verme a mí misma así, tan pequeña, en definitiva, eran mis ojos los que se reflejaban, pero mi mirada había cambiado, ahora sólo reflejo inocencia, ingenuidad y alegría. Pensaba en ¿Dónde quedó todo eso? ¿Cuándo lo perdí?, pero a la vez sabía la respuesta, y era la razón por la que regresé aquí precisamente hoy.

Bajé las escaleras con dificultad, imagino que es cuestión de acostumbrarme al tamaño de mis piernas. Empezaba a oler lo que papá estaba preparando, huevos con tocino, él siempre me consentía con mi desayuno favorito los días que mi madre no estaba para reprocharnos lo poco saludable que era empezar el día con comida frita.

Camino a la cocina, algo llamó mi atención, la puerta del estudio de papá estaba entreabierta, ese lugar era su santuario personal, era donde pasaba la mayor parte de su tiempo, escribía día y noche un sinfín de historias fantásticas que solía leerme antes de dormir, me encantaban sus historias y aunque las editoriales no opinaban lo mismo, él siempre sonreía y decía que no importaba, porque mientras a mí me gusten, él seguiría escribiéndolas. Que poco conocía a papá.

Entré en el estudio intentando no hacer ningún ruido, su escritorio siempre estaba lleno de libros y papeles, pero en ese momento sólo había 2 cosas encima, un bolígrafo y un sobre cerrado puesto boca abajo, ocultando los datos del remitente. No recuerdo si alguna vez vi su estudio tan ordenado.

—¿Princesa? —Su voz me tomó por sorpresa y giré de golpe.

Ahí estaba él, de pie en la puerta del estudio, era más delgado de lo que recordaba, con su ropa vieja y holgada, un mantel de cocina en el hombro derecho, siempre que cocinaba se lo ponía ahí; barba de tres días, ojeras tatuadas por las incontables noches sin dormir. Ahora puedo verlo como realmente era, puedo ver su sonrisa ensayada, sus ojos tristes y vidriosos, ahora puedo ver a papá como todos los veían, todos excepto yo.

—¿Qué estás haciendo aquí? —Me preguntó sonriendo—. Adivina qué te está haciendo papá de desayunar.

No podía dejar de verlo y no me salían las palabras, había practicado con simulaciones durante meses antes de venir para que esto no ocurriera, pero estaba ahí frente a mí, lo había echado tanto de menos. Lo mejor ahora es que actúe con normalidad.

—¿Huevos con tocino? —Al fin pude decir, con el tono de niña de siete años que había practicado.

—¡Sí! —Dijimos ambos a la vez mientras levantábamos los brazos, era algo que solíamos hacer a menudo, algo nuestro.

Se acercó a mí y me cargó soltando un leve quejido de esfuerzo, no importaba cuán difícil se estaba volviendo cargar a una niña de mi edad para un hombre de su contextura, él siempre lo hacía. Lo sujeté instintivamente del cuello y pegué mi cara contra su barba, me di cuenta que hay cosas que el cuerpo hace solo por la costumbre. Me llevó a la cocina y me sentó en mi antigua silla con cuatro cojines para estar a la altura de la mesa. El olor de la cocina empezó a cambiar de ahumado a quemado. Todo es igual que la última vez.

—¿Escribiste una carta? —Le pregunté con inocente curiosidad.

—Ah… yo…sí —Era obvio que la pregunta lo puso nervioso y mintió—. Sólo son unas ideas nuevas para una historia que enviaré a una editorial.

—Me gustan mucho tus historias papá, de verdad eres bueno en lo que haces, esos supuestos “expertos” no saben nada. —Papá volteó de inmediato y noté la sorpresa en su rostro, olvidé por completo el tono y las palabras que debía usar, tenía que arreglarlo.

—Sobre todo cuando escribes sobre princesas bonitas como yo. —dije con tono infantil mientras movía mi cabello egocéntricamente.

—Muchas gracias princesa. —respondió y se volvió a girar con su sonrisa ensayada, no podía ver su rostro, pero estoy segura que lo escuché sollozar en silencio.

Me di cuenta que había una gran bolsa cerrada color blanco de la tienda de herramientas al lado de la puerta principal. No recuerdo este día a la perfección, pero si hubiera visto la bolsa hace veinte años, seguro hubiera sentido curiosidad por su contenido.

—¿Fuiste a la tienda de herramientas? —Los niños hacen muchas preguntas, no pensé levantar más sospechas.

Papá volteó de inmediato nuevamente y veía fijamente a la bolsa con preocupación.

—Yo…ah…si, fui anoche —me respondió aún más nervioso, mientras ponía mi desayuno en la mesa, se sentó al lado mío, tomó mis manos y me miró fijamente.

—Cuando termines tu desayuno ve a tu cuarto a ver televisión ¿Sí, princesa? —La tristeza en su rostro era evidente, sus ojos vacíos se humedecían, intentaba hablar con un tono normal, pero su mandíbula temblaba y sus palabras se rompían. Él estaba intentando con todas sus fuerzas no llorar—. Papá tiene que salir un momento a hacer algo muy importante.

—¿A dónde irás? —Sólo con ver su rostro, empecé a llorar, sabía que es lo que pasaría.

—No llores princesa, todo estará bien, por favor prométeme que harás lo que te dije, prométeme que serás una buena niña y serás valiente ¿Sí? Hazlo por papá. —Lágrimas silenciosas cayeron de sus ojos, secó las mías y besó mi frente—. No importa lo que suceda o lo que escuches, nunca olvides que papá te ama. Volveré pronto. 

Sus últimas palabras eran mentiras, él no iba a regresar y tampoco me amaba, si lo hubiera hecho se habría quedado conmigo este día. Papá secó sus lágrimas, se levantó de la mesa y tomó la bolsa blanca, Al tenerla en la mano por la forma que adoptó pude reconocer lo que había dentro, eran varios metros enrollados de una gruesa soga. Entró en su estudio, salió con el sobre cerrado y lo guardó apresuradamente en uno de sus bolsillos, él temblaba mientras lo hacía. Sin voltear a verme se dirigió a la puerta principal. 

Cuando era una niña, no entendí nada de lo que había pasado ese día, lo vi salir por la puerta e hice exactamente lo que me había pedido, terminé mi desayuno y me quedé en mi cuarto viendo la televisión, hasta que varias horas más tarde un agente de policía toco la puerta. Pero esta vez sería diferente, esa era la razón por la que había regresado a casa, la razón por la que envié mi conciencia a este día en específico, para hacer lo que no hice hace veinte años, para evitar que se aparte de mi lado, para cambiar mi futuro, para no volver a estar sola. 

Corrí hacia el llorando, abracé una de sus piernas con toda la fuerza que mi cuerpo de 7 años tenía.

—¡Por favor papá, no lo hagas!

  

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C. Linares C.

Comentarios

  1. Buenas! Soy Julia, paso a dejarte mi comentario.
    Este cuento me dejo con ganas de más, me gusto mucho. El uso de los recuerdos como viajes temporales para solucionar un hecho que desencadena otros es lo más díficil pero lograste hacerlo bien, hasta de forma comoda! Senti el drama del relato, todo en ese tesoro de añoranzas y memorias. Cuento logradisimo!
    Sin más que decir, ánimo para seguir escribiendo!
    Best Wishes...

    Atte:Julia/Kenya

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  2. Hola Carlos!
    Creo que tu cuento está muy bien hilado y es muy interesante. Nunca el narrador nos dice que viajó en el tiempo ni por qué medio, y hasta el final no sabemos el por qué, pero algunas de estas cosas se van descubriendo a medida que avanza el relato. Me gusta como nos haces despertar en el cuerpo de una nena y cómo manejas lo familiar de la situación contra lo extraño de la misma, en el sentido de que el narrador ya vivió esto pero a la vez le es extraño por la distancia en el tiempo.
    La relación entre los personajes está muy bien dada, y el final me causó hasta tristeza.
    Me gustó mucho,
    Espero seguir leyéndote,
    Vane <3

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