Sofía - Ciencia Ficción
Apagué la alarma y el elefante seguía al lado de mi cama.
Había quedado en la habitación durante toda la noche, la incomodidad latente seguía ahí. Los protagonistas, la tensión, la pregunta y el elefante gigante en la habitación que simulamos no ver. ¿Porqué intentar huir suena más descabellado que permanecer en un lugar en el que en realidad no estamos? Me cansé de vivir en mi cabeza, Nuria. Yo necesito poder hacer lo que quiera hacer, cuando quiera hacerlo. Necesito ser libre.
Es curioso como este estadío en el que nos encontramos ahora resignificó la palabra libertad. Antes de todo esto, ser libre era más difícil, casi te diría que imposible, porque entendíamos que lo que coartaba nuestra libertad nos cuidaba, que estaba bien. Lo comprendíamos, lo apoyábamos. Ahora, no podemos decir lo mismo. Literalmente, no podemos decirlo. Sucede una paradoja: Ser libres en este instante es una posibilidad mucho más cercana, por distante. Tan lejos estamos de ser libres, que es eso mismo lo que hace que la libertad esté al alcance de la mano. Servida en una bandeja en una fiesta llena de gente pasa la posibilidad de vivir (vivir en serio) –¿Sabes lo que es eso, Nuria? ¿Una fiesta? Yo a veces tengo miedo de olvidarme, de las fiestas, de la gente, el concepto “gente” digo, que no se forma solo por vos y yo- pero nosotros dejamos pasar la bandeja, la miramos deseosos, mas no nos animamos, porque sabemos que el contenido puede estar envenenado. Esta tan cerca y lejos a la vez. Pero yo, yo tengo hambre, querida, y es la vida a esta altura la posibilidad que se me presenta lejos y cerca a la vez.
Esto no está escrito en vano, no es un descargo o un mensaje. Divago porque yo soy humano, pero son instrucciones: Son las 7am. La cámara del cubículo se enciende a las 12am a la hora del almuerzo para ver si estamos todos donde debemos estar. Yo hoy no vuelvo al mediodía porque tengo trabajo extra, pero te dejé el despertador programado para las 11, después de leer esto eliminalo. Si decidís venir conmigo, la cámara se apaga a las 15 cuando comienza la segunda jornada de trabajo y se enciende a las 20. Yo te espero a las 19 30 en el arco de la salida del distrito, me informaron que los robots vigías a esa hora hacen un cambio de guardia que dura 10 minutos los martes porque los relevos salen del mecánico. Tenemos 10 minutos.
Sé que vas a ir, sé que no pensas solo las pocas palabras que me decís, sé que pensas. También me consta que me amas, Nuria, por eso creo que al final vas a aceptar.
Te desconecté el GPS y me llevo tu cable USB para cargarte en cuanto encontremos un grupo de rebeldes fuera del distrito. Confío en que vas a ir. Si no es así, a las 21 está programado tu apagado, pensa en mi antes de la oscuridad de la que tanto te pregunté pero nunca supiste describirme.
Te amo, Nuria. Y sé que vos también podes amarme.
Hola Sofí!
ResponderEliminarMe encantó tu cuento! Me gusta que, aunque acá en el blog quedó escrito a lo alto que este es un cuento de Ciencia Ficción por cuestiones organizativas, el cuento persé no te lo demuestra hasta casi el final. Se genera un cambio de escenario bastante rápido, muy llamativo y atrapante.
Espero leer más cosas tuyas,
Vane <3
Muchas gracias!💕💕
EliminarBuenas! Soy Julia, paso a dejarte mi comentario.
ResponderEliminarEste cuento me encanto! Sobre todo el final, de hecho los detalles que colocaste sutilmente fueron de gran ayuda para poder entender el final, me sorprendiste. Cuento logradisimo!
Sin más que decir, ánimo para seguir escribiendo!
Best Wishes...
Atte:Julia/Kenya
Que lindo comentarioo, graciaas💕
EliminarMe encantó la idea que tuviste!!
ResponderEliminarGraciaas😭❤
EliminarQué copado! sentí una mezcla de Osmosis con 1984!
ResponderEliminar