Mariana - Realismo
“Apagué la alarma y el elefante seguía al lado de mi cama”
Sucedió aquel lunes frio por la mañana, aún seguía oscuro y permanecía en silencio la ciudad. Cuando apague la alarma y abrí mis ojos, lo vi allí, al lado de mi cama, me quede inmóvil, estupefacta, mi respiración se empezó a entrecortar, comencé a agitarme pero trataba de no moverme, pretendía que no se diera cuenta que lo había visto.
Estaba parado al lado de mi cama, quieto como una estatua sin emitir sonido alguno y me miraba fijamente sin pestañear, no me quitaba los ojos de encima.
Sin hacer ningún movimiento empecé a observar ese color gris desgastado, descolorido y noté en sus patas ciertas “heridas” y cicatrices consecuencia de largos viajes pero a la vez pude apreciar que ese pelaje en algún momento fue suave y aterciopelado, y podría hasta añadir que se trata de un elefante bebe no solo por su tamaño sino por su mirada dulce, tierna con tintes de complicidad.
Fue en ese preciso momento que volví en sí, entre en razón, tome conciencia y me di cuenta que ese pequeño elefante gris desteñido con patas desgastadas se había pasado toda su vida al lado de mi cama, observándome, hasta creo que se pasó las noches cuidándome, velando por mis sueños. Ha sobrevivido a los tirones de orejas, a las subidas en su lomo, a las vestidas y desvestidas por las tardes de los domingos lluviosos, hemos realizados viajes en tren, barco y cuanto transporte pudo crear mi imaginación, hasta tuvo hermanos y una familia numerosa incluyendo un perro y dos gatos.
Fui creciendo y él seguía al lado de mi cama mirándome, de a poco dejamos de viajar, dejamos de compartir esas tardes domingueras porque yo empezaba a elegir mates con amigos y a la vez nacían las responsabilidades, de apoco lo fui olvidando. Pero él continuaba al lado de mi cama como el más fiel guardián que la vida me puedo dar.
Aquella mañana lo mire y vi en él el paso del tiempo, vi como pasó mi vida mejor dicho como pasaron nuestras vidas, recordé que me lo regalo mi abuela, en realidad el elefante era de mi abuela y ella lo vistió con un saquito que fue en su momento de mi padre cuando era un pequeño y una tarde de domingo después del almuerzo familiar, me preguntó si me lo quería llevar y por supuesto que la respuesta fue un sí rotundo.
Tendría seis años aproximadamente y para mi tamaño ese peluche era enorme, pero al ser el peluche de mi abuela ya traía nombre, Bonifacio. Llegó a mi habitación y siempre estuvo al lado de mi cama mirándome, jugamos, viajamos y siempre volvía al mismo lugar, crecí y cuando me casé me lo lleve a lo que hoy sería mi casa y ¿dónde fue a parar? Al lado de mi cama.
Hoy ya ha pasado cerca de medio siglo y este peluche gris, desteñido, con cicatrices por la vida, por tantos viajes, sigue al lado de mi cama vestido con una polera que fue mía en un momento de mi niñez, mirándome, cuidándome por las noches y acompañándome en este viaje de vivir intensamente con proyectos y sueños, y sé que estará a mi lado hasta el resto de mis días.
Buenas! Soy Julia, paso a dejarte mi comentario.
ResponderEliminarEste cuento me gusto bastante, la conexión entre elefante y personaje a partir de los recuerdos/memorias de la niñez hacen alusión a lo que la mayoria de nosotros cuida con añoranza. Es un cuento más que logrado!
Sin más que decir, ánimo para seguir escribiendo!
Best Wishes...
Atte:Julia/Kenya
Hola Mariana!
ResponderEliminarMe gusta mucho la relación que llegas a armar entre el personaje principal y el peluche con el que convivió toda la niñez. Quizás en este mismo escenario que estás planteando podríamos agregar alguna situación que genere un cambio en el personaje, a partir del cual sea relevante poner en foco la relación con el peluche. Y de esta manera pasar de la descripción a una narración con un sentido específico.
Sin embargo, considero que pudiste meter a los lectores en un sentimiento de nostalgia y añoranza que no es fácil de lograr y que es muy valorable.
Espero leer tus próximos cuentos,
Saludos, Vanesa <3