Camila - Personaje
Damián se dirigió a su mesa de trabajo, debía terminar su dibujo esa misma noche. Pese a que los subía cada viernes prefería tenerlos listos con dos días de anticipación. Por primera vez en unos largos años estaba atrasado, había tardado más de lo que esperaba en su trayecto. Cuando llamó a su amigo diciéndole que llevaba dos horas buscando un librería abierta y que no lo encontraba, este no perdió oportunidad en reprocharle.
-Son las dos de la tarde, va a estar todo cerrado.
-¿Pero por qué?
-Es la hora de la siesta, amigo, de la que me acabas de despertar por cierto- replicó frustrado. Joaquín estaba en época de parciales, y Damián empezó a temer que se enojara en serio con él.- No puedo creer que lleves un año acá y todavía no entiendas cómo funcionan las cosas.
-Bueno, lo busco después.
No pudo hacer eso: debía tener sus pinturas para esa misma tarde. Damián pensaba que era todo culpa de ellos, si hubiera conseguido las cosas ayer a la noche como siempre hoy no estaría en esta situación. Pero no iba a dejar que le carcomiera el cerebro. Estaba muy ocupado para arrepentimientos. Le molestaba que Joaquín lo regañara como a un chico, como si no fuera mayor que él. Igualmente nunca le respondía, no valía la pena pelearse. Pensó en preguntarle a alguien de la calle, pero no se animó. Joaquín, arrepentido por cómo le hablo, le envió un mensaje con la dirección de una tienda que “seguramente estaba abierta” a quince cuadras de donde estaba. Damián estaba irritado por lo que no le contestó. Esta caminata iba a correrle todo el horario de la semana, los miércoles debía escribir y delinear los comics, pero si no terminaba con lo de hoy no llegaría. Pensó si podría retrasarse en la entrega de los dibujos del diario donde trabajaba, esos pagaban mejor pero Damián prefería sus dibujos online, donde podría hablar de lo que quisiera, total nadie lo reconocería.
Pensó que debía agradecerle a su amigo, al fin y al cabo sabía cuánto le costaba levantarse, recordó con gracia como había tenido que llamarlo diez veces para que fuera a su primera entrevista de trabajo. Damián pensaba que debía dejar de juntarse con alguien menor de treinta, pero sin Joaquín no se juntaría con nadie. ¿Debería decirle lo que pasó anoche? No, no debía.
Se distrajo cuando su teléfono sonó, eran comentarios en su instagram. Miró inquieto ¿Por qué todos los mensajes decían su nombre? Usualmente solo lo llamaban por su seudónimo, pero lo que más lo alertó fue que todos los mensajes decían que sabía dónde estaba y que ellos se acordaban de anoche.
Compró las cosas, le agradeció a Joaquín, volvió a su casa. Sacó los chupetines que le gustaba comer mientras trabajaba. Terminó sus dibujos en tiempo record, no perfectos, pero terminados. ¿Debería llamar a la policía? No. El también estaba involucrado en lo que había pasado. Más mensajes llegaron a su instagram, los ignoró. El miedo le recorría el cuerpo por lo que solo actuaba de manera mecánica. Siguió su rutina normal, hasta que el sábado se negó a salir de la casa, sabía que lo esperaban afuera.
Pero los problemas golpearon su puerta en forma de Joaquín quién lo obligó a salir.
A tres cuadras de su departamento su amigo empezó a hablar.
-Mirá, Dami, está la patrulla acá, según me contaron mataron al tipo, al tipo este que vive en la otra manzana, al tarado ese- las palabras le salieron con asco y Damián agacho la cabeza lo más posible, quiso acelerar la caminata pero el más joven solo lo realentizaba- Él, ya sabés, era, ya pajés, proxeneta. Un mal tipo, pero bueno, que mal que sea tan cerca de donde vivís, vas a tener gente dando vueltas jodiendo todo el día. Según me dijeron, le debía plata a no sé quién. Se escucharon tres disparos. Cayeron él y otro de los que lo vinieron a patotear, en el forcejeo se ve, le dio en la garganta anda a saber con qué ¿No deberías hablar de esas cosas en tus dibujos para concientizar? ¿Damián?
Un policía se estaba acercando.
-Disculpa, ¿vivís por acá?
-Si- trague saliva- ¿Por?
- Apareces en el vídeo caminando, casi no te reconozco, y necesitamos hacerte unas preguntas, si viste o escuchaste algo.
- No, no sé nada.- la transpiración le caía por la nuca.
-Bueno igual, ahora te acercamos a la comisaría y charlamos de ese “nada” que sabes.
-Déjalo ir- dijo el otro policía- Estamos hace tres horas acá, el chabón este solo paso por una de las cámaras, y ya tenemos a los otros cuatro que si aparecen en el vídeo cuando matan al tipo. Nos vas a hacer perder el tiempo nada más. Seguí caminando, pibe, seguí.
No esperó otra dirección, huyó de ahí, arrastrando a Joaquín consigo. Cuando lo instigó por respuestas le dijo que no pasaba nada, que se sentía mal y que volvía a casa. ¿Se había resuelto todo?
Esa noche, cuando regresó de comprar, con las bolsas retintineando a su costado, vio todo. Y claro que él conocía al tipo, si iba cada viernes. Y claro que este le pidió ayuda cuando lo vio, Damián no podía recordar si había gritado su nombre o no, ¿Saldría eso en el vídeo? Él no había hecho nada, no directamente. Pero si le había acercado, por un impulso, el punzón, ese que usaba cuando dibujaba en madera.
Golpes en la puerta. ¿Sería la policía? ¿O algún otro amigo del que había ayudado a matar?
Cuando la policía fue a buscarlo al día siguiente, debido a que habían descubierto que la bolsa con cartulinas y pinturas en la escena del crimen pertenecía al “loco de Damián que compraba todos los martes”, lo encontraron moribundo en su propia casa. Lo llevaron al hospital. Cuando se recupere tendrá que responder a sus preguntas, ya no tendrá escapatoria.
Cami!! amé tu texto!! lograste plasmar todo lo que habíamos acordado: Un único amigo, metódico, extranjero, come mientras trabaja, poco conocido, involucrado socialmente, consume prostitución... la verdad te felicito!! ovación de pié!!
ResponderEliminarHola Cami!
ResponderEliminarMe encanta tu cuento! Lograste que el personaje se sintiera vivo en la cabeza del lector, sin necesidad de ahondar en descripciones. ¡Muy bien implementado el SNT! La historia es muy interesante y atrapante desde el comienzo.
Sabes usar palabras, como dijo Jan (?)
Espero poder seguir leyéndote,
Vanesa <3