Carlos - Personajes

BERNADETTE


Desde el inició sabía que no era buena idea tomar este caso, quince años en este puesto me habían enseñado que seguir mi intuición podría salvarme la vida, o al menos ahorrarme pasar momentos incomodos como este. La sala de interrogatorios se siente más fría de lo usual, los sospechosos frente a mi lucían nerviosos, tal vez preocupados, o quizás sólo están avergonzados. Edades de 29, 41 y 56 años; un soltero, un casado, y el tercero divorciado; ocupaciones totalmente desligadas una de las otras. Lo único que estos tipos tienen en común es que todos solicitaron el servicio de la misma dama de compañía la semana pasada.

Bernadette era alguien popular en esta ciudad, no existía cliente alguno que no haya desarrollado un especial afecto por ella desde el primer encuentro. Los que no conocían su trabajo personalmente, solían cuestionarse sobre qué era lo que la hacía tan única, les encantaba lanzar teorías hilarantes y fantasiosas, pero la verdad sobre Bernie era que lo único falso en ella era su nombre. No importaba que tan irreverente o coloquial conversación se te ocurriera entablar, ella te prestaría sincera atención, te escucharía atentamente y siempre podías esperar una opinión real de su parte.

El interrogatorio terminó, las coartadas eran fácilmente comprobables, estaba claro que ninguno de ellos lo había hecho. Regresé a mi oficina para revisar mis apuntes y al releer la lista de clientes sentí como se alertaba mi intuición con sólo ver que había un cuarto nombre en la lista. Andrés Galán, un nombre difícil de olvidar, no necesitaba ir al almacén por su expediente, ya lo conocía de memoria, en vez de eso preferí revisar la lista de citaciones de hoy, su nombre también estaba ahí con una declaración pendiente hace una hora, por supuesto que no se presentó, el tipo conocía muy bien las leyes y no hablaría con nadie a no ser que existan suficientes pruebas en su contra, pero yo no volvería a cometer el mismo error que el otoño pasado.

Andrés Galán, 33 años, vivía solo en el quinto piso de un viejo edificio del barrio bajo, adquirió el departamento hace casi dos años con sobreprecio exigiendo las remodelaciones necesarias para garantizarle extrema privacidad. Su única cuenta en el banco mantenía constantes y generosos ingresos poco congruentes con la zona en la que vivía y el estilo de vida que llevaba. Obtuve esta información el otoño pasado después de una difícil investigación. 

Galán era un hombre solitario, me atrevía a diagnosticarle uno o tal vez varios desordenes sociales. La única persona con la que mantenía una relación amistosa, desapareció misteriosamente poniéndolo como principal sospechoso. El muchacho, proveniente de una familia adinerada, solía encontrarse con Galán en una tienda de arte, los testigos aseguran que compartían charlas sobre técnicas de dibujo durante exactamente treinta minutos y luego se despedían, hasta su siguiente encuentro cada dos días. Un día como cualquier otro Galán llegó a la tienda, compró lo mismo de siempre, una docena de papeles de dibujo y un lápiz de grafito común y al terminar salió de la tienda sin más. Esa misma noche la familia de aquel muchacho lo declaró como desaparecido.

En aquel entonces me dieron el caso y decidí observarlo durante unos días. Así como en el caso de Bernie, cada parte de mi cuerpo me decía que él era culpable, pero necesitaba pruebas que le obligaran legalmente a dar una declaración. 

La investigación no fue nada sencilla, Galán salía de su departamento cada dos días puntualmente a las seis de la tarde, tomaba el autobús hasta el distrito comercial, entraba en la tienda de arte, realizaba siempre la misma compra, luego volvía a tomar el mismo autobús hacia su departamento y se quedaba ahí durante dos días más. Cada viernes por la noche, recibía una visita en su departamento. Bernie subía hasta el quinto piso del viejo edificio y abría la puerta con una copia de la llave. Todas esas rutinas estrictas eran propias de alguien con múltiples obsesiones, a excepción de su aspecto físico, ya que siempre llevaba la misma vieja ropa y un semblante desaliñado. Galán usaba sólo una red social, en la que frecuentemente se quejaba con una fuerte postura sobre los problemas de inseguridad social e irónicamente sobre la trata de personas. 

Todo indicaba que ocupaba su vida en el arte, pero su nombre no figuraba en ningún sector de la comunidad artística para justificar sus altos ingresos, y encajaba perfectamente con el perfil de un psicópata, pero al final de la investigación no logré obtener pruebas suficientes que lo vincularan a la desaparición del muchacho, quedó absuelto y el caso se mantuvo abierto, pero aun así nunca dejé de sospechar de él.

La historia volvió a repetirse, primero su amigo y luego su dama de compañía. No dejaría de vuelva a salir impune, la última vez intenté conseguir pruebas siguiendo su actividad en el exterior, pero debí haberlo hecho investigando sus actividades donde pasa la mayoría de su tiempo, dentro de su departamento. Cobré varios favores con las personas de la estación para conseguir una orden de allanamiento, era la única manera de demostrar su culpabilidad.

Subí hasta el quinto piso del viejo edificio y toqué la puerta sin recibir respuesta. Intenté mover el cerrojo y para mi sorpresa la puerta estaba abierta, saqué mi arma y entré. Las ventanas del departamento de planta libre estaban cubiertas con cortinas oscuras que dejaban pasar una tenue luz del día. Llamé a Galán por su nombre advirtiendo mis intenciones, pero el departamento parecía vacío. Todo el espacio se veía como un gran estudio, varias mesas inclinadas exponían dibujos de mujeres desnudas y escenas eróticas, el tipo estaba enfermo. Una gran pila de revistas se encontraba apoyada en la pared, eran todos los números de una popular novela gráfica semanal para adultos, que de inmediato reconocí que el estilo del gráfico era el mismo que el de los dibujos en las mesas, incluso podría haber jurado que muchos de los dibujos tenían las mismas proporciones que el cuerpo de Bernie. Una hoja de papel pegada a la pared llamó mi atención, era una lista de nombres. Los primeros tres estaban tachados, pero aún se leían, eran los nombres de los tres sospechosos que acababa de interrogar, el cuarto y último nombre era el mío.

Una voz masculina ligeramente rasposa a mis espaldas hizo que me sobresaltara.

—Estaba esperando que vinieras. — Volteé de golpe apuntando con el arma—Ahora me dirás qué hiciste con Bernadette. 


Comentarios

  1. Buenas Carlos!
    Me encanta como te las ingeniaste para describir el personaje de manera que quede completamente orgánico en el relato, de manera que dicha descripción tuviese un sentido muy claro. Descubrirlo de a poquito con el investigador fue una experiencia muy buena, de manera que entender al personaje para saber si es culpable o no, es la única guía que tiene el lector. Aplicaste el SNT, además, de manera bastante suelta.
    Muy buen cuento!
    Espero poder seguir leyéndote,
    Vanesa<3

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