Vero - Fanfic
Deseos ridículos
- ¡Nada de lujos, nada de viajes, nada de diversiones! ¡No se de buenas comidas, de sabanas suaves, de tiempo libre para el ocio! – exclamaba el leñador, enojado y cansado, camino a su casa luego de una larga jornada en el bosque.
El gran dios Júpiter, como en otras ocasiones, lo estaba escuchando sin que el leñador lo note, pero esta vez decide presentarse ante el tan quejoso señor.
Al verlo, el leñador se aflige y suplica – ¡No me haga nada, señor! ¡Por favor, no me haga nada!
- No temas, leñador, no voy a hacerte daño. Vengo a demostrarte que te quejas en vano, porque tienes suerte, mucha suerte. Te he escuchado antes y como soy un dios bueno, muy bueno, te concederé tres deseos.
En cuanto dijo estas palabras, el dios se esfumó en el aire. El leñador, entusiasmado, echó a correr hacia su casa para contarle todo a su mujer. Esta lo escuchó atenta mientras el leñador contaba lo sucedido con notable emoción.
– ¡Sería genial vivir en una casa grande rodeada de un jardín repleto de magnolios! ¿Verdad, querida mía?
– ¡Sí, sí! Seria genial. Pero, ¿donde estuvo Júpiter cuando enfermaste y no podías trabajar? Casi no teníamos para comer, con mi trabajo sólo no alcanzaba, porque casi todo se lo llevaba el dueño del bosque. Y aun peor, ¿dónde estaba cuando estos señores decidieron que los bosques podían tener dueños y que ellos mismos los serían?
– ¡Pues a mí me gustaría cruzar el océano Atlántico en un gran barco y llegar a las Américas!… continuaba exaltante el leñador.
- ¡Pues a mi me gustaría más que Júpiter no trate de calmar tus validas quejas con tres deseos! ¡Que se quede con sus deseos!
El leñador tenía miedo, no quería contradecir al gran dios. Pero sabía que su mujer tenía razón. Pronto comprendió todo y decidió que Júpiter no los utilizaría como propaganda, que no caería en la trampa, porque a esas alturas ya estaba seguro de que los deseos venían con alguna absurda lección. No serian ellos, falso ejemplo para los demás de que con poco se puede ser feliz, porque para ser feliz, hay que tener bienestar y su comunidad no lo tenía.
- ¿Qué haremos? - pregunto el leñador a su mujer, ¿Cómo lo enfrentaremos?
- Todos juntos - respondió ella.
Reunieron al resto de los leñadores y les contaron todo. Luego de evaluar la situación, juntos decidieron que no pedirían ni un solo deseo, que no necesitaban medios divinos para mejorar su realidad y que además, no querían deberle nada a un dios ausente. Golpearon las puertas de los “grandes señores” y les exigieron ganar lo justo por su trabajo, dos días libres a la semana para disfrutar con la familia, vacaciones todos los años, y que de enfermarse, el tratamiento sería cubierto y los días de ausencia pagos.
Los grandes señores rieron fuerte, tranquilos en sus hogares con el aval del dios que con deseos pretendía calmar los legítimos reclamos de un leñador, antes de que la comunidad los oyera. Y aun más fuerte se escuchó la risa de Júpiter, mientras exclamaba - ¡que ridículos deseos!
Pero ya era tarde, todos en la comunidad habían escuchado al leñador. Y este, tomando la mano de su mujer, exclamó – entonces, vayan a trabajar a los bosques ustedes.
Los señores se hicieron pequeños, la risa de Júpiter ya no aturdía.
Hola Vero!
ResponderEliminarAmé tu cuento! No conocía el original y lo busqué en internet para leerlo, me parece genial el giro que le diste en tu fanfic. Utilizaste el what if de una manera original, y me parece una adaptación necesaria y muy divertida. Usaste los diálogos perfectamente, los trajiste muy bien al formato cuento de hadas y encastró muy bien con lo que narras.
Claramente deja una enseñanza mucho mejor que la original jaja
Espero seguir leyéndote y me alegra que te hayas unido al taller!
Saludos,
Vanesa