Gonzalo - Personaje

Taller de Escritura “Entre Parentesis”

Personaje creado en grupo

Gonzalo Leonel Nieva Taulamet


Cautiverio y exhibición

-¡Te digo que eso es imposible! –dijo negando con la cabeza entrecruzando los brazos mientras su pelo se tornaba en rojo, el que, al parecer, cambiaba de color según sus emociones. 

-Es la verdad. Lo vi con mis propios ojos –respondió el otro hada cansado de la incredulidad de su amigue.

-¡Los humanos no existen! Nunca vi a uno con mis propios ojos –aseguró Onixe.

-Yo tampoco había visto a un hada sin género y he aquí: un hada sin género definido frente a mí –señaló sarcásticamente.

-Ay, por el amor del Hada Suprema. La existencia de los humanos no tiene nada que ver con mi identidad de género. Además, si llegasen a existir, no creo que vendrían a los confines de la selva amazónica a exterminarnos –concluyó Onixe sin mostrar duda alguna.

-¡Te juro que los vi con mis propios ojos! Y Titania puede confirmártelo. Estaban con arcos y flechas buscando a las hadas. De hecho, por poco me descubren –explicó Víctor.

Abruptamente se escucharon gritos y el zumbido de cientos de hadas aleteando mientras volaban frenéticamente de un lado a otro. Onixe sintió un nudo en el estomagó y observó cómo su pequeño mundo se desmoronaba frente a elle. Atónite, observó como una tribu de humanos se abría paso por la frondosa maleza y comenzaba a cazar cuanta hada se le cruzara.

-¡Volemos fuera de aquí! –gritó a voz en cuello Víctor haciendo que Onixe volviera en sí –Hay que escapar.

Empezaron a volar a toda velocidad alejándose del grupo de humanos pero, tras un par de segundos, se encontraron de frente con más personas. Onixe no pudo mediar palabra y sintió con una ráfaga de aire pasó por el costado izquierdo de su cuerpo. Al mirar hacia atrás, vio a Víctor tirado en el piso con una flecha que, según su diminuta estatura y punto de vista, era gigante atravesándole una de las alas. Instintivamente, Onixe voló en su auxilio. 

-¡Vete de aquí Onixe y salva tu vida! –gritó desesperadamente el hada mientras sufría de dolor. 

-Jamás te abandonaré, amigo –le respondió. Acto seguido, espolvoreo un poco de polvo dorado y, con un ágil movimiento de varita, hizo desaparecer la flecha filosa. Por desgracia, las hadas no podían curarse usando magia así que Víctor seguía sintiendo un dolor agudo en su ala rota.

Cuando Onixe intentó ayudar a levantar a su amigo, sintió una fuerte presión en el tronco del  cuerpo y comenzó a elevarse en el aire. Desconcertade al saber que no eran sus alas las que lo estaban levitando, miró hacia atrás y observo como un humano le tenía sujetade por la cintura. Intentó safarse pero no pudo. Saco su varita mágica e hizo un hechizo para quemar con fuego la mano del humano. Este le soltó mientras se escuchaba un grito de dolor proveniente de su boca. Onixe intentó acercarse nuevamente a su moribundo amigo pero sintió un gran dolor en la cabeza y todo se volvió negro.


Al abrir los ojos, Onixe vió horrorizade que se encontraba dentro de una jaula diminuta. Sin embargo, al ver que conservaba su varita, sintió gran alegría y,  haciendo  un movimiento rápido con esta, recitó un hechizo. No ocurrió nada. Espolvoreó las rejas con un poco de polvo dorado, movió la varita nuevamente y nada. Decidió tocar los barrotes de la jaula y su peor sospecha de hizo realidad: estaba cubierto con cuarzo.

El cuarzo era una piedra que se utilizaba en los extremos de las varitas de las hadas ya que tenía propiedades extremadamente mágicas. Sin embargo, ese material también era usado como un escudo contra los hechizos y encantamientos ya que estos no tenían efecto sobre él. De esta manera, Onixe concluyó con gran pesar que le sería difícil escapar. Ahora sí, observó el campamento de los humanos.

Para ser salvajes, estos humanos estaban bien organizados. En el centro se encontraba una carpa gigante en donde, según suponía, se alojaba el jefe de la tribu. Alrededor, y de forma triangular, se encontraban el resto de los asentamientos. Al observar la “plaza” principal observo con horror el maltrato que estaban recibiendo las hadas.

Por un lado, alrededor de 15 hadas estaban siendo obligadas a depositar todo el polvo mágico que pudieran producir en una bolsa. Se notaba que estaban exhaustas y Onixe intuyó que lo habían estado haciendo durante horas. Además, había decenas de hadas muertas colgadas de cabeza y un carnicero las cambiaba por otros bienes ¡Estos humanos las estaban comiendo! Por último, por si no hubiera sido poco lo que acababa de ver, había dos hadas con sus alas rotas para que no escaparan sosteniendo puntas de flechas que eran obligas a luchar por sus vidas. 

-¿Te gusta lo que ves? ¡Tú serás el hada siguiente en pelar! –escucho a un humano decir mientras se acercaba a la jaula.

Onixe se sintió mareade y con nauseas. Era hora de luchar por su vida. 


Comentarios

  1. Buenas Gonza!
    Tu cuento es genial! Me gustó que arrancara con diálogo, creo que fue un comienzo muy potente e inesperado. Los personajes están muy bien presentados y manejaste el SNT con bastante soltura. Me parece muy bien usado, por ejemplo, en la parte en la que Onixe se queda a salvar a su amigo en vez de huir. Ese hecho nos muestra que el personaje es leal y que uno de sus valores es la amistad, sin necesidad de comentarlo con adjetivos.
    Tus cuentos siempre son sorpresivos en cuanto a finales, espero que Onixe esté bien a futuro.
    Espero seguir leyéndote,
    Vane<3

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