Mica - Personajes

OLORES.

Por: Mii 

Les vengo a contar una historia, de esas que mi abuela solía contarme mientras tomaba un tazón de leche tibia; esa que la abuela de mi abuela le contaba al anochecer; que la madre de la abuela de mi abuela,  le contaba mientras cocinaban sopa; de esas que tantos años permanecieron en la esquina de la repisa, junto a los sueños frustrados y los monstruos  que algún día iban a llegar.

En un lugar muy pero muy lejano, donde las copas de los árboles danzaban con la brisa de la mañana y lloraban por la noche, existía un grupo de seres tan fantásticos como la primera gota de rocío al amanecer; hadas que sonreían al nacer. 

De todas ellas no conocía sus nombres, solo lo tan maravillosas que eran. Algunas decían ser las encargadas de darle brillo a las estrellas, otras de cuidar cada minúsculo insecto hasta que decidan salir al mundo;  más de una persona afirma que las oyeron cantar en el silencio más profundo  o durante el resplandor. 

Las hadas nacen de otras-que solo se dedican a procrear y cuidar de ellas hasta elegir una especialidad-una noche  de luna nueva, cuando otra decide apagarse.  Todas las hadas tienen una especialidad: procreadoras, cultivadoras, animalísticas, intermediarias con otros seres. Todas tienen una misión y saben cuál es. 

Excepto ella, de la cual les vine hablar hoy. Ella  que de tantos nombres tener no sabría cómo llamarla. 

_ Bruno me puso mi madre al ver mi cabellera negra al nacer _ contaba cada vez a las más pequeñas_ significa oscuro. Pero cuando las intermediarias me conocieron mi cabello se había puesto tan violeta que no dudaron en darme ese nombre. Así fue como cada ser puede reconocerme con cualquier nombre… hay quienes me llaman Rosa, Mauro, Celeste, dependiendo del color de cabello con el que les tocaron conocerme. 

_ ¿y nosotras cómo te podemos llamar?_ preguntó una de las niñas 

_ Colores. Pueden decirme Colores. 

Habían pasado alrededor de 50 primaveras ya  desde que Colores se había autoproclamado así, pero cada vez que la llamaban  su cabellera se volvía grisácea, sus ojos llorosos y sus alas cada vez más opacas. 

_ ay mis niñas ya saben, años y trabajo pone el pelo blanco_ sonreía. Pero una sabe detectar cuando un hada está triste, y ella sin duda lo estaba. 

Todas sus noches eran  cataratas de lágrimas doradas, sus alas ya no brillaba y su pelo ya no tenía los colores de antes. Sentía que no tenía nombre, no tenía identidad; por ende, tampoco tenía misión. Colores era la única hada que no pudo elegir qué labor tomar, ella solo se sentaba con las nuevas y las llenaba de historias y refranes.

 Era todo lo que tenía y lo estaba perdiendo poco a poco. 


Hasta que un día, cuando su luz parecía desvanecerse, algo irrumpió dentro de la colonia. Alguien llamado George, de cabello canoso y una herida en el hombro, se apoyaba en un tronco suplicando ayuda. ¿Acaso se trataba de un gigante bebé? ¿Un humano? No,no ,no, Imposible, ella no creía en ellos, solo eran cosas de cuentos de humanos o esa leyenda mágica de una tal Campanita y el país de nunca no sé  qué más. Pero sabía que no existía. Lo sabía, tan convencida estaba  que cuando vio aquel hombre sangrar dejó de dudar. 

Como la ley de las hadas era ayudar bien sin mirar a quién, no dudaron en levantar aquel hombre, darle de comer y esperar a que se recupere.

Una vez que las heridas sanaron, debieron elegir quién iba a ser la encargada de acompañarlo al templo de la diosa humana para que el hombre pudiera volver a su casa; y debido a que no tenía ningún tipo de trabajo, Colores fue la elegida. 

_ no, no,no barba de tres colores no la tienen sino traidores_ exclamó, pero no tuvo ni tiempo ni lugar para quejarse. En cuanto se dio cuenta ya se encontraba aleteando junto a un humano. 


Tres noches tardaron en cruzar el río de perlas, y cada mañana su color parecía brillar con el sol. Dos risas por las tardes le bastó para ganar su confianza, y sintió  que por primera vez alguien la podía acompañar de por vida. 

Creyó  que este nuevo amigo que había descubierto la iba a salvar, pero  cuando llegó a la puerta-donde se encontraron los dioses del mundo humano- todo volvió apagarse.

 Claramente solo fueron momentos compartidos lo que ella vivió y no la felicidad eterna.

“amigos buenos y mirlos blancos son muy raros de encontrar”, se repetía para sí misma cuando huyó hacia un manzano, para que no la viera llorar, pero George no la iba a dejar irse  así como así. 

Bajo el mismo manzano, el hombre una carta sacó. Era de su hija que lo estaba esperando con brillos en los ojos y una canción. Él explicó que si no volvía sería quien se apagaría y que ninguno de los dos sería  feliz. 

Quizás si lo explico así es muy simple de entender, pero el hada no comprendía qué tanto tenía una humana para llevárselo a él.

George cruzó la puerta y no lo volvió a ver. 

Años pasaron, quizás un par de décadas, sin entender  cómo una humana tenía más colores si la de los apodos innumerables por su cabello les había tocado a ella : que  Neela cuando estaba ansiosa, que Rosa cuando estaba calmada, Rojita cuando se enojaba, y Bruno cuando tenía miedo. 

Hasta el punto de quedarse gris, opaca y desaparecer.                                       

George llegó a su hogar, y le contó su aventura a su esposa, ella se lo contó su hija, que se lo contó a su nieta, y ella a mí solo para comprender lo que Colores nunca supo reconocer. 

“A partir de hoy el color y yo somos una sola cosa”  somos todas. Y ninguna a la vez. 


Del alma de Colores nació Iris, como la diosa esa que los humanos conocemos. Iris  la encargada de hacer llegar los mensajes de los dioses del olimpo a los humanos y nuestra Iris que nos saluda con su arco uniendo su mundo con el nuestro. 


Comentarios

  1. Buenas, Mica.
    Me pareció un re lindo cuento. Es medio un fanfic de Tinkerbell pero lo negaste al decir que no existía, pero igualmente hiciste obvio el procedimiento nombrando a esa ficción dentro del cuento. Fue ingenioso. No me queda muy claro lo epistémico del mundo que creaste; es decir qué se sabe, qué no se sabe y quién sabe qué cosas. Quizás lo hayas pensado al construir el mundo o quizás sólo fue surgiendo mediante la escritura.
    Supiste llevar muy bien el género fluido del personaje, dándole una perspectiva interesante y original que no queda para nada forzada, en un buen Show, not tell (Hubiese sido realmente muy diferente, y menos poderoso, si hubieses escrito "Bruno era une hada de género fluído, por eso a veces cambiaba de nombre"). Además, creo que trabajaste lo de los acuerdos en las cosas que ellx mismx se plantea.
    Causaron un buen efecto las rimas que pusiste, tanto en la narración en sí como en los diálogos y pensamientos de los personajes. Creo que sería interesante y quedaría muy bueno hacer todo el texto rimado (es un trabajito, pero con buen resultado, je).
    Un gusto leerte,
    Jan

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