Trini - Personajes

Trinidad Calandria, creación de un personaje.

- Tomás, por favor no vuelvas a hacerme una escena. Me voy y punto, se terminó. – le dijo Rebeca a la única persona que lograba entenderla. O por lo menos, así era antes.

- Realmente creí que ibas a olvidar toda esta locura, Beca. ¿Cómo podés, después de 24 años, tener el valor de irte del único lugar que conoces? – Tomás expresó estas palabras con una voz rota, intentando evitar que las lágrimas escaparan de sus ojos.

Rebeca se acercó tanto a Tomás que cada uno podía sentir la respiración del otro. Tomó entre sus manos la cara del joven que tenía en frente, puso sus ojos sobre los suyos y susurró: ‘¿Cómo podés vos querer quedarte acá?’ Y se alejó, sellando su dramática salida del cuarto con un portazo. 

Ya estaba todo más que decidido. Nadie retrasaría con tontos sentimientos su oportunidad de cumplir sus sueños. 

Rebeca repetía en su mente el plan que venía perfeccionando desde su  cumpleaños número 18. Ese día la joven entusiasta y llena de esperanzas había expresado por milésima vez sus deseos de ser alguien la vida pero la Madre Superiora, nuevamente, se había encargado de destruir esa ilusión. Ni siquiera la mayoría de edad podía ayudarla a ser libre, nadie nunca había llegado a ese viejo edificio en el medio de la nada y pudo irse después. Pero Rebeca no era una más del montón. Ella iba a romper esa tradición.

Esperaría hasta las 11 de noche, una vez que todas las luces se apagaran, para salir sigilosamente de su habitación. Luego de muchos intentos fallidos logró descubrir el modo de abrir algunos cerrojos con un clip. Absolutamente nada iba a pararla, ni algunas puertas cerradas ni el mar que la separaba de Barcelona, su destino.

Noche tras noche, Beca estudió la rutina de quienes vigilaban el Convento, ‘súbditos’ los llamaba ella. Súbdito Hernán recorría los alrededores los jueves, sábados y domingos, con descansos de 15 minutos. Súbdito José lo hacía los lunes y martes exactamente del mismo modo. Y por último, Tomás, que sólo lo hacía los miércoles porque estaba siendo entrenado. Rebeca no sabía si él iba a ayudarla a escapar, luego de la discusión que tuvieron, ya todo el plan era incierto para ella porque dependía de ese mínimo detalle, y de algunos otros…

Aun así, encaró la misión. Silenciosamente y a la luz de la luna, Beca andaba por los pasillos, escondida entre las sombras y sintiendo de todo, menos miedo. El corazón golpeaba su pecho fuertemente, como si tuviera ganas de salir y resguardarse en algún lugar más seguro que el cuerpo de esa chica tan intrépida. 

Rebeca solamente llevaba un bolso mediano. Se preguntarán si eso era suficiente para que ella meta toda su vida ahí y la lleve consigo en esta aventura… ella les diría que sí, porque su amado violín cabía perfectamente y no precisaba nada más para ser feliz. 

Jacinto, el instrumento viejo que solía estar escondido entre los polvorientos muebles del sótano, acompaña a Beca desde los 15 años. En esa época, como cualquier otra adolescente, Rebeca estaba repleta de curiosidad y rebeldía. Ningún cartel de ‘prohibido pasar’ era un obstáculo para ella, iba (y sigue yendo) por la vida abriéndose paso, sin importar nada. Encontrarse con ese aparato tan peculiar fue una salvación para ella, a la vez que su mayor problema. Ningún tipo de actividad relacionada con la libre expresión era bien vista en el culto. Rezar, dormir y comer, eran los ejes únicos de esa comunidad. 

Otra vez, no importaba. Rebeca agarraba el violín  al momento de rezar y lo llevaba bien lejos de todo oído delator. Sonaba raro al principio pero con el tiempo la joven pudo mejorar su técnica, logrando que la melodía del violín sonara dulcemente, siendo capaz de consolar cualquier lamento y alegrar hasta el día más miserable.

Ahora, luego de tantos años de espera, Beca finalmente miraba a lo lejos a Tomás y con un silbido pudo llamarle la atención. Él, con un andar cabizbajo y manos temblorosas, agarró las llaves del portón principal y las dejó caer, sintiendo su cabeza pesada por tanto miedo. No sólo estaba permitiendo que alguien se ponga en peligro en el exterior, sino que además, esa persona era el amor de su vida.

Agachada, lentamente, Rebeca llegó a las  llaves, sacudió su mano para saludar a aquella persona en la que tanto confiaba y con una amplia sonrisa y poco esfuerzo, abrió el portón enorme que tenía en frente. Un problema menos.

Caminó rápido unos cuantos metros. Ya se olía el agua salada, se escuchaba el calmo mar. El pelo de Rebeca se liberó de la capa que llevaba encima y bailaba en sintonía con el viento, al igual que su hábito. 

Pero la joven mujer se paró de repente. Miró impresionada, con los ojos abiertos como plato, una inmensa cerca que cortaba el paso hacia la playa y al parecer, rodeaba toda la isla. Afortunadamente, Beca no sólo era hábil, sino que bajo esa amplia vestimenta que llevaba habitualmente, unos brazos musculosos, fruto de constante entrenamiento, la acompañaban para superar otro desafío más. 

Una vez escalada la cerca y ya segura en la arena, comenzó a recorrer la playa. Beca estaba en busca de una supuesta casucha sobre la cual había leído en los únicos libros disponibles en todo el convento. Contaba la historia de la isla que hace muchísimos años allí se arreglaban balsas y Rebeca sólo esperaba que su suposición sea cierta. 

Ahí estaba. Un bote pequeño reposaba sobre la arena, listo para calmar su sed. Beca intentó moverlo pero por alguna razón pesaba incluso más que el portón del convento. Quizá sólo tenía los brazos muy cansados.

Ya sobre el agua, Rebeca vio a lo lejos unas luces e inmediatamente una sensación rara le recorrió el cuerpo, se acercaba cada vez más a cumplir sus sueños.

Y, como nunca, lágrimas cayeron por sus mejillas, al fin era libre.


Comentarios

  1. ¡Buenas!
    Me gusta cómo relataste la huida de Rebeca. Los elementos se logran ver muy bien. Tené en cuenta que en la construcción de personajes con tu equipo pusieron esta parte de la vida de Rebeca, su escape, como el pasado del personaje. En el caso de tu cuento, ya no iría ese pasado en la ficha porque es lo que está pasando. Igual está bien que hayas elegido narrar esta parte, es sólo una observación.
    Sigo sintiendo que te falta seguridad al escribir para darle fuerza a la narración sobre los sucesos. Quizás, al intentar justificar la elección de ciertos elementos, nos hagas aclaraciones por demás. Por ejemplo, esta parte:
    "Rebeca solamente llevaba un bolso mediano. Se preguntarán si eso era suficiente para que ella meta toda su vida ahí y la lleve consigo en esta aventura… ella les diría que sí, porque su amado violín cabía perfectamente y no precisaba nada más para ser feliz."
    Se podría suplantar por:
    "Rebeca solamente llevaba un bolso mediano. En él cabía su violín perfectamente y era suficiente para ella"
    Nosotres como lectores le creemos a tu narrador todo lo que diga. Así que mandale, nomás. Nos encanta leerte.
    Saludos,
    Jan.

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