Javi - Personajes
Nadie salva a nadie, pero nadie se salva solo
La alarma sonó puntual, a las cinco y cincuenta y cinco, como todas las madrugadas. El sonido lo aturdió y la luz le cegó los ojos, por lo que tumbó tanto el celular como el viejo y roto elefante de peluche que había recuperado después de tanto tiempo. Lo volvió a acomodar en la silla de madera que hacía las veces de mesa de luz mientras leía el único mensaje que había recibido: “Happy birthday little Peter. Don't forget mommy loves you!”. No esperaba recibir más saludos, por lo que dejó el celular, se puso el pantalón de buzo gris, la remera de Oasis, las mismas zapatillas de siempre y se dirigió a la redacción del diario. Al igual que los últimos seis lunes, pasó a comprar alguno de los semanarios de la competencia que no se habían vendido el día anterior y, como de costumbre, don Estévez lo miró con desprecio al verlo llegar. Con su mal español, le hablaba solo lo indispensable y apenas lo miraba. Nunca iba a saber de su resentimiento y que los tres dedos que le faltaban, fueron la menor de sus pérdidas en aquella guerra.
El desayuno era bueno, pero no llegaba a compensar lo tedioso de ordenar fotos mal tomadas y textos mediocres que hasta él podría haber escrito mejor. Por más que intentara, la revista dominical que hacía la competencia era notablemente mejor, desde el contenido hasta el papel utilizado en la impresión. El trabajo al menos le permitía pagar el alquiler y disponer de sus tardes para dibujar las tiras cargadísimas de un humor ácido que utilizaba para denunciar lo poco que conoció del pueblo desde que llegó. Salían de lunes a viernes y la paga era paupérrima, aunque lo hubiese hecho gratis ya que el dueño del diario necesitaba material y no le imponía restricciones sobre el contenido.
Tras debatir con sí mismo toda la mañana, finalmente se animó e interceptó al Daniel mientras se subía a su camioneta. Era uno de los pocos con los que hablaba, aunque no más de dos o tres veces por semana y siempre sobre asuntos superfluos. Temeroso, le propuso tomar una cerveza esa noche, sin darse cuenta que los bares del pueblo no abrían ese día. Excusa perfecta con la que Daniel se liberó del compromiso y del sol de mediodía que le estaba pegando en la cara. Sin embargo, parece haber sentido algo de lástima y antes de cruzar el portón le pasó por la apenas abierta ventanilla un papel con un nombre y un número de teléfono, diciéndole que ese era el festejo de cumpleaños que necesitaba.
El jefe de redacción explotó en una carcajada al ver la caricatura en la que bromeaba con el choque que tuvo el inspector de tránsito la noche anterior; donde, a su vez, usaba un juego de palabras ya que su nombre era Tomás y todo parece indicar que se encontraba alcoholizado. Ya eran como las cuatro de la tarde cuando volvió y pensaba en qué podría almorzar. Encontró el papel arrugado mientras buscaba la llave de su piecita. Sacó del frigobar unas sobras de la noche anterior y se dispuso a responder a su madre cuando se dio cuenta de lo solo que se encontraba. Faltaban unas seis horas para dormirse y ya no tenía más planes para el resto del día.
Una dirección, un precio y una franja horaria fue la sintética respuesta que tuvo al mensaje repleto de innecesarias explicaciones que había escrito minutos antes. Llegó puntual, más prolijo que de costumbre y con el mejor vino que pudo comprar de entre las opciones que le ofreció el cajero del minimercado. La pieza era parecida a la suya, sobre todo en el tamaño, el orden y la ausencia total de cualquier tipo de lujos. Por primera vez en su vida sintió que se habían invertido los roles entre quien buscaba tema de conversación y quien los evadía, lo cual se hacía aún más difícil por el acento bahiano de Cristiane. El vestidito, que bien podría haber sido un camisolín, contrastaba con el intenso color de su piel. Le negó el vaso de vino y realmente a él tampoco le interesaba mucho probarlo. A pesar de su tamaño, la incomodad de Peter lo hacía parecer indefenso y su mirada recorría cada centímetro de la habitación, excepto los que ocupaba la anfitriona.
Ella imponía cierta distancia que, sin ser descortés, invitaba a dejar correr los minutos sin que nada pasara. Él, acostumbrado a la distancia, tampoco sabía muy bien qué debía pasar. Cuando se había resignado a convivir con la tensión en el aire, su mirada se clavó en la foto que estaba pegada con imán a la heladera. Los ojos de la morena brillaron por primera vez en la noche y probablemente también en mucho tiempo. Tras un largo silencio, le comentó donde la había tomado, y él estaba seguro que ese lugar no podría ser más bello que propia la foto. Se rieron en varias oportunidades tratando de explicar qué significaba lo que querían decir. También lloraron y no hizo falta explicar nada. Se dio cuenta que perseguir un sueño a veces cuesta mucho más que ordenar fotos mal tomadas. Y también que el diario podría encontrar una mejor fotógrafa.
Al despedirse se abrazaron en lo que, sin dudas, era un “hasta pronto”. Ambos sintieron que estaban siendo salvados. También sabían que había mucha más gente por salvar.
Buenas!
ResponderEliminarMe gustó muchísimo cómo aplicaste el SNT. Si bien en los escritos anteriores no eras mucho de decir las cosas en vez de mostrarlas, en este caso pudiste aplicar muy bien el recurso. Se puede reponer muchísimo en la personalidad de lxs dos sin que nos describas demasiado. Además, cuenta una historia con un giro interesante.
Está muy bien logrado y el personaje que construiste con tu equipo se ve muy bien.
Jan
Gracias por la devolución! De forma menor, también quise darle alguito de personalidad a Don Estévez y a Daniel, pero está claro que me enfoqué más en Cristiane y sobre todo en Peter. En cuanto a la historia, me cuesta no contar una e incluso tratar de transmitir algo. A veces con finales inesperados, otras no tanto. Abrazo!
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